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MLB: La Violencia de Yasiel Puig Hace que lo Tengan en la Mirilla

A este paso, llegará el momento en que Yasiel Puig no podrá ni abrir la boca. La suspensión de dos juegos dictada en las oficinas de las Grandes Ligas es un recordatorio para el cubano de que se encuentra bajo una lupa bien amplia, que sus acciones son observadas con extremo cuidado.

Habría que decir que Puig es en parte culpable de esta atención extra. El Caballo Loco ha tenido su porción de errores y de su boca, en ocasiones, no han salido las frases mejor escogidas. Que sus acciones en el terreno no siempre han sido las mejor actuadas. Pero dicho esto, aquí hay algo más.

Hay algo de eso de cría fama y acuéstate a dormir. De aquello de difama que algo queda. Puig es perseguido por su pasado, por viejos encontronazos que se niegan a perecer en la memoria de algunos, sobre todo de los que toman decisiones y dispensan la ley. Hay una raya invisible pero fuerte que él no puede pasar.

¿Por qué viene esta suspensión ahora? De acuerdo con una declaración de las Mayores, por “pelear e incitar un incidente donde se vaciaron los bancos’‘. Caramba, yo creía que el único incitador aquí era el receptor Nick Hundley, quien también recibió su penalidad, para ser sinceros.


Puig, si no me equivoco, estaba molesto consigo mismo por haber dejado pasar un lanzamiento perfectamente bateable del pitcher de San Francisco Tony Watson. ¿Cuántas veces no hemos visto esto en las Mayores, en nuestros países, con o mayores o menores decibeles de sonido?

Hundley debió dejar pasar cualquier palabra de Puig. Pero no. Es Yasiel Puig, quien no iba a realizar un rictus de frustración o conformarse con un chasquido de labios. No, Puig siempre diría algo en su español de siempre o tal vez en ese inglés en el cual ha hecho verdaderos progresos. ¿Le habría dicho algo Hundley a Freddie Freeman o a Mike Trout, para poner un par de ejemplos? ¿Se lo habría hecho Buster Posey a Puig?

Desde aquellos errores del inicio y la Montaña Rusa en su juego -que le buscaron un descenso a las Menores-, Puig está haciendo un esfuerzo consciente por encajar, por pertenecer, cortando las alas de su exhuberancia, de su extroversión. No sé hasta qué punto este intento de cambiar su personalidad puede estar afectando su rendimiento.

De visita en Miami hace un par de meses, el jardinero cubano habló de “encontrar un punto medio”. Sospecho, sin embargo, que le será muy difícil hallarlo y acomodar su alegría desbordada dentro de los rieles tradicionales de Grandes Ligas.

En un momento en que el juego se encuentra bajo observación por la “lentitud del ritmo”, en que la asistencia ha bajado un seis por ciento con respecto al 2017, hombres como Puig ofrecen algo distinto, lejano del potencial bostezo. ¿Por qué entonces ese escrutinio extremo? El día en que Puig deje ser Puig, el pelotero Puig ya no lo será más. Y ese día el béisbol lo va a lamentar.

ElNuevoHerald//POR JORGE EBRO